domingo, 23 de septiembre de 2007

Compras e Histeria Colectiva .

Aura, Tom y Lelei, luego de media hora de camino a través del Atajo del Potrero Este, llegaron a la “Super Alacena de la Duquesa”, la tienda de atavíos por excelencia de la región, aunque notoriamente extravagante y con no muy baratos precios. Pero era eso o nada para los habitantes del Baobab.

La Super Alacena parecía por fuera una mansión algo abandonada, y ni siquiera existía un cartel que demostrara la existencia de un local comercial en ese lugar. Por dentro, la cosa variaba. Todo lo que uno podía imaginarse se transformaba de pronto en una casa-mercado de locos: las estanterías rebosaban de alimentos y productos, al igual que los mesones; no había espacio en los pasillos y entre una habitación y otra, animales como cerdos, pavos, gallinas y conejos correteaban por todas partes, y un fuerte olor a pimienta dominaba el aire, como lo hacía la Duquesa en todas las instalaciones. Ella era la única vendedora, una señora baja, regordeta, de ropajes anticuados y un rostro muy muy muy desagradable. Se multiplicaba mágicamente para atender en todas las habitaciones y llevar una cuenta estricta de lo que salía y entraba en su Alacena.

- ¿Por qué la Duquesa no contrata personal para que la ayude? - preguntó Tom en un susurro, mientras entraban a la casa, atestada de un montón de enanos, duendes, campesinos, caravaneros, y seres varios, todos regateando con una de las tantas Duquesas.

- Porque no creo que confíe en otras personas para llevar a cabo los negocios, es muy avara y autosuficiente - le respondió Aura, más preocupada de analizar la lista de mercadería que llevaba en sus manos -. Ehm, Tom, ¿por qué no vas al sector del Ramen al tiro, para ahorrar tiempo? Lelei y yo iremos a buscar verduras y frutas.

- Ok, Aurífera - acordó Tom, y corrió a una de las habitaciones, escaleras arriba. Las otras chicas se fueron por otra dirección.

- Mmhhhh, ¡PEPINOS! - exclamó Aura, cuando llegaron a la verdulería. Se abalanzó encima de la enorme cesta y sacó varios, de los más grandes.

- Hay que comprar tomatines - musitó Lelei, llenando una bolsa con ellos.

- No nos olvidemos de la lechuga, el apio, los limones, los plátanos, mhh naranjas quedan en la casa, manzanas no, la Lila se las devoró todas, ehhh, los champiñones. . . ¡mira, Lelei, hay frambuesas!

- Ñami, ¡¿dónde?! - chilló Leleia, ansiosa.

- ¡Allí! Aunque son muy caras parece, no estamos en temporada. . . - dijo Aura, viéndoles el precio con desánimo.

- Ahhh, ñaaa . . .

- Bueno, habrá que esperar las cosechas veraniegas, no tenemos tanto masari y hay que comprar el resto de las cosas - determinó Aura, mirando ahora el rincón de los limones.

Después de un rato, ambas salieron de la verdulería llenas de bolsas, y vieron que Tom las esperaba afuera, con una cesta espectacularmente provista de potes y paquetes de ramen, de diferentes y sabrosos sabores.

- ¡Con eso tenemos para todo el mes, qué bien! - exclamó Aura, pasándole una bolsa con manzanas a su amigo.

- ¡Sí, y miren, hay un nuevo sabooor! - les dijo Tom, picocionado, mostrándoles un paquete amarillo.

- ¿Mostaza?

- ¡Sí, no creo que sea tan malo!

- Pero Tom, ¡nooooooo, no quiero que te transformes en un niño mostaza! - gritó Lelei, muy asustada y algo asqueada.

- ¡Leleeei, qué eres tierna! Pero no, tranquila, no me transformaré en un engendro mostazoide - sonrió Tom, tratando de abrazarla, sin éxito.

- ¡Ya, no nos distraigamos! Qué todavía queda ir a buscar las pastas, la salsa de tomate y todas esas voladas porque el René quiere hacer lasagna - dijo Aura, quién volvía a leer la arrugada lista. No quería demorarse mucho allí, perdiendo tiempo que podría ocupar jugando NFS Most Wanted o Starcraft con el Al.

- Y los helados, la carne, el pan, la leche condensada. . . - completó Lelei.

- Si quieres yo te acompaño a buscar eso - le dijo Tom -, no quiero que la Duquesa te pille sola y no sepas como regatear con ella. Es francamente horrible y da mucho miedo.

- Muy bien, vayan, yo voy a las pastas, y nos encontramos aquí mismo - organizó Aurora, y partieron nuevamente hacia lados diferentes de la Alacena. Tom tenía razón: Lelei no podía ir sola, porque entre las muchas Duquesas chillonas y con cerdos bebés en brazos, lacayos-rana/pescado/pájaro/etc y gente extraña, le podía bajar la histeria y nadie lograría encontrarla en esa masa de compradores y vendedoras.

Cuando por fin, pudieron terminar de comprar y juntarse a la salida de la Super Alacena, ya se estaba poniendo el sol. Estaban cargados a más no poder de bolsas, cestos y carritos con mercadería, pero lo del traslado al Baobab tenía fácil solución. Aura sacó su varita y mediante un sencillo encantamiento de movilización, hizo que las compras flotaran solas en dirección a casa.

- ¿No creen que nos excedimos? - preguntó Tom, sin disimular su sonrisa de complacencia, y frotándose ya su pancita sexy.

- No creo, nos alcanza para un mes, ¡espero! - Aura sabía muy bien lo rápido que la comida se iba en la casa, sobre todo cuando de ramen y porquerías llenas de carbohidratos se trataba -. Bueno, y si se nos acaba la mercadería, pues que vengan otros. Este lugar en serio llega a ser apestoso, pero es lo que hay.

- Ajá, quiero mushrooms, mushrooms. . . - fue lo único que pudo decir Lelei, muy agotada por el viaje, pero dando sus pequeños saltitos acostumbrados.


Mientras, en la SF Baobab House. . .

- ¡CÁLLENSE, WN, CÁLLENSEEEEE! - gritaban unos desaforados Aiol, Renesín y Gab, a unas Lila, Otti y Shizu casi muertas y sofocadas de la risa. Las carcajadas se escuchaban a millares de kilómetros de distancia, según los drugos, y no podían concentrarse en otra cosa que gritarles que dejaran de reírse como histéricas.

- ¡Una piña bailando cueca, JA JA JA JA JA! - lograban exclamar de repente, cuando sus propias carcajadas se lo permitían.

- ¡LA WEA ESTUPIPATA JA JA JA JA JA!

- Ya, Otti ja ja ja ja para, en serio. . .

- ¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Shizu comenzó a bailar cueca arriba de uno de los sillones, llamando al Ardy para que bailase con ella (¡con mucho tiquitiquití y ahúas!). El muchacho acudió de inmediato, pero sólo para unirse a la campaña “Cállate por la ctm” que sus amigos parecían estar promoviendo. Alberich se hallaba sentado en un rincón, mirando con mucha paja todo lo que sucedía, mientras esperaba ansiosamente la llegada de “las weas pa' comer”. ¿Qué le importaba a él si las chiquillas se volvían locas un rato? Total, igual el día había sido bastante extraño con tanto pajarraco y weas estúpidas.

- ¿Qué tenían las granadas del Rafiki, me pregunto yo? - pensó Renesín, en voz alta.

- No sé wn, pero por suerte no comí esas weas - le dijo Aiol, aliviado.

- Yo sí, pero no me pasó nada, así que descartemos esa opción - se contradijo René, reflexivo.

- Yo estoy dudando seriamente de que sea la comida - opinó Gab -. Creo que en serio éste es su estado natural.

- ¡Puta que es astuto este Bagssssssssssssssss! - fue lo que dijo, o más bien, escupió Ottolina, con una carcajada sonora.

En eso, por el agujero de la puerta norte saltan un montón de bolsas, bolsas, bolsas, bolsas y bolsas, y entre todas ellas, aparecen Aura, Tom y Lelei, algo aturdidos, y con un poco de apio en las bocas, de un paquete que se había reventado.

- ¿Qué chucha? ¿Por qué se ríen tanto? - preguntó Tom, confundido -. Sus risas se oyen de muy lejos y wea.

- ¡LA COMIDA! - gritó Al, y hecho un peo se levantó y fue a escarbar la mercadería.

- ¡Ay, qué bueno Alito que nos vas a ayudar a llevar todo esto a la cocina! - se alegró Aura.

- Puta la wea. . . - murmuró Al, otra vez con su paja habitual y sin ganas de levantar las compras.

Ahora fue el turno de los chicos de reírse, pero las muchachas no les reprocharon nada y unieron sus risotadas (cada vez más deformes) ante la causa “Al, no puedes ser más pajero”. Shizu se bajó del sillón y se puso a cantar, mientras bailaba con Lila y tomaba un par de bolsas.

- ¡Un gorro de laaaaaaaaana te mandé a teeeeejeeeeeeeeeeer para el duro inviernooo queeee vino a caaaaeeeeer!

- Tú me lo pedisteeee con falsa pasión...

- ¡SE DESTIÑÓ, SE DESTIÑÓ, IGUAL QUE TU CARIÑOOOOOOOOOOO!

- ¡Cállense por la puta! - todo el mundo sabía que a Aiolín no le gustaba ese tipo de música, y que además, le producía dolor de cabeza. Pero en este estado tan jugoso, ¿a quién le interesaba? Aparte, Cami y él siempre tendían a ese tipo de malestares físicos, no eran una novedad.

- ¡Ya, marchen! - exclamó Aura, de forma autoritaria.

- ¿Ah?

- ¡Marchen no más! ¡Las bolsas a la cocina!

- JAAA! ¡Marchen no más cabros! ¡CTM! - agregó Otto, poniendo cara de ardilla y riéndose aún más.

- ¡Aaaaahhhh, weooooooooooooooon, sáquenme de aquí! - se quejó Gab, medio en serio, medio en broma, y con las manos en los oídos.

- ¡No no nooooooo! - negó Lila, saltando en torno a él con la cesta del ramen y Tom detrás, tratando de agarrarla.

- Ya po, ¡MARCHEN!

- ¡JA JA JAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA! ¡Se destiñó, se destiñó!

- Igual que tu. . . tutututu, asdddddddd, la volá ¡ja ja ja ja!

- Conchesumadre. . .








Continuará. . .

viernes, 31 de agosto de 2007

La invasión de los Pajarracos Volantineros .

Entonces, Otti, Renesín, Lila, Aiol, Lelei, Ton y Al caminaron hacia el comedor, para luego salir por la puerta oeste, que daba directo al campo de los girasoles. Esa puerta en específico, era la más usada por los habitantes de la SF Baobab House; era la única hecha con el tronco mismo del árbol, y lucía pintarrajeada de muchos colores. Las otras puertas eran igual de extrañas: la sur era de cristal, la este tenía una simple cortina de conchitas y piedrillas y la norte (la principal, y que sólo servía para entrar), era un oscuro hueco por el cual había que deslizarse para aterrizar en el living.

Bueno, siguiendo con el relato, los amigos (quienes ni siquiera se habían quitado sus pijamas, a excepción de Ton) salieron al aire libre, y pudieron observar que, como les había avisado Al, unos enormes pájaros de pico puntiagudo y alas de papel volantín negro sobrevolaban la copa del Baobab, chillando "¡pan con queso, pan con queso!" como energúmenos.

- Chucha, ¿y por qué vienen pa' acá a pedir pan con queso? - preguntó Otti, asombrada.

- Qué se yo po, pero hay que solucionar esto rápido - atinó a decir Renesín.

- ¿Y cómo? ¿Se te ocurre alguna wea? - dijo Otti, urgida.

- Mm, no, pero creo que a la Katty sí. ¡Miren! - señaló Lumi, apuntando con un dedo hacia arriba. Y en efecto, en una de las ventanas se hallaba sentada Aura, tratando de mantener el equilibrio y con una bolsa gigantesca que no podía estar más repleta de... pan con queso. Uno a uno los iba lanzando al aire y los pajarracos volantineros ágilmente agarraban el alimento para engullirlo y alcanzar otro.

- ¡¿Necesitai ayuda?! - le gritó Lila, como pudo.

- ¡Nooo! ¡Los chiquillos aquí ya me están ayudando, gracias! - respondió Aura a viva voz.

- ¡¿Qué chiquillos?! - gritó Renesín.

- ¡El Gabriel y la Shizu están haciendo los panes, y el Ardy los echa en otra bolsa!

- Pero puta, ¿tanto pan? - reclamó Aiol -. Nos vamos a quedar sin suministros.

- No sé, yo creo que la Aura necesita ayuda, porque es mucho pan.. y aaaay, vienen más pájaros - arguyó Lelei, y entró corriendo a la casa. Ton la siguió, y pronto se encontraron lanzando pan desde la ventana.

El cielo se oscureció de repente, lleno de alas negras y que a pesar de ser frágiles, no se rompían. Si no se encontraba una solución, pronto las aves devorarían toda la casa.

- Oye, ¿y por qué no tiramos todos los panes lejos de aquí? - sugirió Lila.

- ¿Y cómo? No tenemos con qué lanzarlos - dijo Renesín, pensativo.

- Matemos a todos los weones no más, que tanta wea! - Aiol claramente se hallaba molesto, tenía mucha hambre, y eso también parecía afectar a Al, quien tenía una cara de fatiga espantosa.

- Iré a barsear un pan allá arriba - se limitó a decir, y subió con gran esfuerzo a la torre más alta de la casa. Ton comenzó a sujetar a Lelei para que el viento no la volara, y Al, luego de devorar unos cuantos bocadillos sin permiso, hizo lo mismo con Aura. Gab, Shizu y Ardy estaban sudando la gota gorda armando panes como locos de la cabeza y con mucha, mucha, mucha hambre.

- Comería cualquier cosa, menos un pan con queso - repetía a cada rato Shizu, notoriamente mareada por el olor mantecoso del alimento.

Mientras tanto, allá abajo, en la puerta oeste, Renesín, Aiol, Otti y Lila pensaban en algún método para echar de su territorio a las invasoras.

- ¡Matémoslas po! - seguía diciendo Aiol.

- Pero weon, si las matamos, van a quedar todos los cadáveres tirados por ahí, en el campo, y van a llegar los animales carroñeros y va a ser peor - le contradecía Renesín, con mucha razón.

- Puta la wea...

- Pero, oye! La mejor solución sería plantar un árbol de pan con queso, lejos de aquí! - exclamó Lila, ocurrente.

- Ya, ¿y cómo?

- Conversemos con los pajarracos - dijo Lila, y luego se dirigió a sus compañeros de la torre, gritando-: ¡Chiquillooooos! ¡Bajeeeen, porfa! ¡Cambio de planes!

- ¡¿Por qué?!

- ¡Bajen no más, carajo!

- Puta, ¡bueno ya!

Y sin entender que iban a hacer, Aura, Ton, Lelei, Al, Gab, Shizu y Ardy bajaron a la puerta oeste, con bolsas y canastos de pan, sudando y pálidos de la fatiga y el cansancio.

- Casi se nos caen todos los panes en la bajada! ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Ton, con su pote de ramen en una mano. Había pasado a buscarlo a la cocina y ahora trataba de comérselo como podía, para que no se le enfriara. Era el único que podía sostenerse en sus dos pies sin desfallecer, los otros se sentaron.

- Hay que plantar un árbol de pan con queso - dijo Lila.

- Yaa, ¿y cómo planeas hacer eso? - le cuestionó Gab, arqueando una ceja.

- Conversando con los pájaros.

- Es imposible, con esos weones no se puede hablar - acotó Al.

- Pico, hay que liquidarlos - agregó Aiol.

- ¡Nooo! Si no han intentado conversar con ellos, ¿cómo creen que no pueden hacerlo? - se exasperó Lila.

- Mi mami tiene razón, lo lógico es entablar una comunicación decente con esos eeeh, pajarracos, y si no funciona, bueno, y ahí los cagamos como se pueda - intervino Ardy, y Shizu y Aura asintieron, sonrientes.

- Bueno, ¿y entonces quien va a hablar con ellos? - preguntó Lelei.

- Todos - respondió Lila -, es lo justo.

- Yo ni cagando - se negó Al.

- ¿Y vo creí que yo también? - dijo Otti.

- Capaz que ni hablen esas weas, a lo más nos van a decir "YIIIIIIIII" - dijo Aiol, y Shizu y Lila se pusieron a reír a carcajadas.

- ¡YIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! - gritaron, y siguieron riendo.

- Oye ya po - les reclamó Aura, zamarreándolas para que se enseriaran. Cuando por fin lograron que detuvieran la risa, se dieron cuenta que estaban rodeados por 440549604969 pájaros volantineros, y que todos los observaban con ojos curiosos. Uno de ellos se adelantó, con las alas extendidas, y habló chillonamente:

- ¿Quién ha osado convocarme?

Todos los sfianos lo miraron perplejos. El ave repitió la pregunta.

- Ehhh.. estábamos por hacerlo - respondió Renesín, sin entender nada.

- No, alguien me ha llamado por mi nombre.

- ¿Y cuál es su nombre? - preguntó amablemente Lila.

- Yii.

La muchacha miró a Shizu inmediatamente, pero se aguantaron la risa.

- ¿E-en serio?

- Sí, ¿quieren negociar? - el ave fue al grano rápidamente.

- Ajá - asintió Lila -. Lo que pasa es que, como ven, este es nuestro hogar, y nos vemos (sin ofenderlos, por supuesto) irremediablemente asediados por su bandada. Lo justo es que todos vivamos en paz, ¿no?

- Sí, pero nosotros estamos muy hambrientos - argumentó Yii.

- Lo sabemos, pero el asunto es que nosotros estamos dispuestos a ofrecerles alimento de por vida, y no precisamente de esta manera. Nuestro ofrecimiento consiste en plantar un árbol de pan con queso (o varios), y no es algo difícil de hacer.

Yii y el resto de los pájaros se mostraron muy interesados, y pidieron que Lila continuara su explicación.

- Lo que deben hacer es llevar estas bolsas de pan a su tierra, y enterrar los panes de a uno en la tierra húmeda por el rocío matutino. Los árboles crecerán a la semana si ustedes se preocupan de regarlos con zumo de naranja en la tarde y de piña en la medianoche. El rocío ayudará considerablemente. ¡Ah! Se me olvidaba que los que tengan queso fresco requieren además de una gota de leche condensada, para que la tierra no absorba sus cualidades.

- ¿Cómo sabe todo eso? - le preguntó en susurros Gab a Aura.

- Pregúntale po, aunque en todo caso, eso es algo que todos deberíamos saber mínimo, ¿o no? - le respondió ella.

- Ustedes y sus brujerías raras...

- Ay, manano, es más sencillo que eso - le murmuró Aura, con una risita.


- ¿Podrías anotarme todas las indicaciones en un pergamino? - solicitó Yii, gentilmente, mientras los otros dos hablaban bajito.

- ¿Sabe leer? - preguntó Ton, pero Yii no lo escuchó.

- ¿Eso quiere decir que acepta?

- Así es - acordó el pájaro-volantín, y Lila, muy sonriente, corrió a la casa a buscar pluma y pergamino. Luego de un momento, salió y le entregó las indicaciones a Yii, quien guardó el pergamino con cuidado entre sus alas. Aura, Gab, Lelei y Renesín procedieron a entregar las bolsas al resto de la bandada, y con un graznido de despedida, se fueron volando hacia el sur y a las oscuras montañas de mas allá. El cielo se despejó y el sol brilló con mucha fuerza, recordándoles a los sfianos lo muy hambrientos que estaban. Sin decir nada, se abalanzaron a la puerta para llegar a la cocina, y allí comenzaron a devorar todo lo que encontraron a mano y otras porquerías que requirieron un poco de preparación. Las granadas, los champiñones, las hamburguesas, el jugo de naranja, el ramen y otras cosas desaparecieron en los estómagos felices de los amigos, menos algunos panes con queso que cayeron de las bolsas y siguieron rondando por ahí hasta que Lelei los barrió semanas después, cuando ya se encontraban podridos y rancios.

- Puta, ahora hay que ir a la Super-Alacena de la Duquesa, porque nos quedamos sin comida - se quejó Lila, a quien le desagradaba en extremo visitar el mercado de la Duquesa, pasado a olor a pimienta y lleno de cerdos bebés, lacayos-rana y lacayos-pescado corriendo por todos lados.

- ¿Puta? ¿Quién es puta?

- No Otti, tú no eres puta - respondió Lila, palmotéandole la espalda a su amiga.

- Si quieren yo voy - se ofreció Aura.

- Y yo - dijo Lelei.

- Yo necesito comprar mucho ramen - recordó Ton, y pronto ellos tres salieron por la puerta este hacia la Super-Alacena, vistiéndose antes y con una lista de alimentos previamente hecha por todos los habitantes de la SF Baobab House.





Continuará...

miércoles, 29 de agosto de 2007

Un casi desayuno y volás varias.

Era una hora cualquiera, en un día cualquiera, en la SF Baobab House, cuando Lila se despertó de un zuácate, sin sueño y con mucha fatiga. Se bajó de su cama (con el pie izquierdo, como siempre) y salió de su habitación, que quedaba en una de las ramas más altas de árbol. Se lanzó por el largo trampolín que llevaba a la cocina en el primer piso, y al caer chocó con una figura soñolienta con pijama gris de oveja.

- Holi - saludó Lila, moviendo una de sus manos.

- Ho-holi - respondió Otti con un bostezo, pues se trataba de ella.

- ¿Cómo dormiste? - le preguntó Lila, mientras caminaban a la cocina.

- Como la asdfwea, ¿y tú?

- Mm, no sé.

Ya en la cocina, Otti abrió el refrigerador, mientras Lila ponía agua en el hervidor y registraba la alacena en busca de dulces.

- Oye, ¿dónde quedaron mis dulces mágicos? - no había ni uno solo en la gran bolsa de plástico.

- Pregúntale a la Lelei, yo no sé nada - dijo Otti, sirviéndose jugo de naranja en un vaso enorme -. Parece que yo la vi dándole esos dulces al pajarraco que se para ahí en la ventana todas las noches.

- ¿Qué pajarraco? ¿El dragón chino?

- ¿Qué dragón chino? ¿Cuál, dónde, cómo, cuándo?

- Esee po, el que viene todas las noches a conversarnos de los comunistas y a barsear arroz chaufán.

- Nunca lo he visto - dijo Otti, después de beber un largo trago de jugo. Y en el acto, se largó a reír con ganas.

- ¿Qué te pasa? - le preguntó Lila, mirando sospechosamente el vaso de su amiga.

A manera de respuesta, de nadie sabe dónde aparecieron Aiol y Renesín, y apuntaron con su dedo medio hacia una de las ventanas.

- ¡EEEEEEEEEL MONOOOOOOOOOOOOOOO! - gritó Aiol.

- ¡Cacha esa wea weon! - lo siguió Renesín.

- ¡CONCHETUMADRE!

- ¡Ñiiiuuuuuuuuum!

Otti se puso a reír como endemoniada y Lila la acompañó, apoyándose en una mesa para no caerse de la risa.

- puta la wea jajajajajaja - era lo que más repetía Ottín, mientras Renesín se acercaba al mono de la ventana, que en realidad era Rafiki, quién vivía en el árbol vecino. El mandril le pasó una canasta con granadas y se marchó rápidamente.

-Uy, que bacán, el Rafiki nos trajo el desayuno - avisó Renesín, y Lila se abalanzó sobre la canasta para ver que había.

- ¡Granadas! - exclamó, sonriente y agarrando un par.

- Duh! ¿Esa wea se come? - preguntó el Aiol, levantando una ceja.

- Si po aweonao - le dijo Renesín, riéndose.

- Ah.. ¿quién quiere hamburguesas?

- ¡Yo, Aiol, yo! - a Otti le entusiasmaba más comer eso que las pepitas raras de una granada.

- Ya, pero lávame la sartén primero o si no no preparo ni una wea.

- ¿Quién habló de comeeer? - preguntó una voz desde la puerta de la cocina. Era Ton, con su polera del Día de la Bestia y un pote enormísimo de ramen entre las manos. Acto seguido, le echó toda el agua caliente al pote (bajo la mirada escandalizada de Lila, que quería agüita para su tecito darjeeling) y se sacó del bolsillo a la Lelei. Siempre se la guardaba allí cuando bajaban por el trampolín: el miedo de que no aterrizara en buen estado era inmenso. Lelei hizo un ruidito extraño, que seguramente significaba "buenos días", y abrió el refri en busca de champiñongos. Cuando los encontró, le arrebató la sartén recién lavada a Otti, y se puso a cocinar.

- Oye, pero Lelei, esa era para las hamburguesas.

- Pero si hay más por ahí, busquen.

- Bueno, ya =.=

- Oye, ¿y los demás? - preguntó Renesín, con la boca llena de granada.

- Yo vi a la Aurora circulando por uno de los pasillos y meterse al baño - respondió Ton -. El Gabrielín seguramente está durmiendo y wea, y el Ardy y la Shizu, emm, pa' que voy a responder.

- ¡Cacha ese Al! - señaló el Aiol, y todos observaron como su amigo caminaba con una lentitud impresionante, atravesando el comedor hasta llegar a ellos.

- Hay unos pajarracos raros vacilando allá afuera. Me dijeron que querían pan con queso y que si no les dabamos, nos mandaban a la ctm y nos declaraban la guerra y puras weas así - les avisó Al, con su calma habitual.

- Viste que te dije Lila..

- Pero, Otto, nunca me dijiste que pajarraco era.

- No, si ná que ver, si a estos no los conocemos. Son unos weones raros, con alas gigantescas y de papel volantín - aclaró Al.

- Espérate, ¿estai seguro de que no son volantines? - se aseguró de preguntar Renesín.

- No weon, son pájaros te estoy diciendo!

- ¿No es por si acaso el Charlie y sus amigos?

- ¿Qué wea estay hablando, Lelei? - le inquirió Otti.

- El Charlie, el loro que viene en la noche.

- ¡Ah! ¡¿Ese es el que se come mis dulces mágicos?! - preguntó Lila, moviendo la bolsa vacía con frenesí en la cara de Lelei.

- ¿Eran tuyos?

- Sí - musitó Lila, haciendo un puchero.

- Oigan, pero los párajos qliaos..

- Mm, ya, vamos a ver que quieren.

- Pero si ya les dije lo que quieren.. - dijo Al.

- Entonces vayamos a verlos simplemente - determinó Renesín.









Continuará...