La invasión de los Pajarracos Volantineros .
Entonces, Otti, Renesín, Lila, Aiol, Lelei, Ton y Al caminaron hacia el comedor, para luego salir por la puerta oeste, que daba directo al campo de los girasoles. Esa puerta en específico, era la más usada por los habitantes de la SF Baobab House; era la única hecha con el tronco mismo del árbol, y lucía pintarrajeada de muchos colores. Las otras puertas eran igual de extrañas: la sur era de cristal, la este tenía una simple cortina de conchitas y piedrillas y la norte (la principal, y que sólo servía para entrar), era un oscuro hueco por el cual había que deslizarse para aterrizar en el living.
Bueno, siguiendo con el relato, los amigos (quienes ni siquiera se habían quitado sus pijamas, a excepción de Ton) salieron al aire libre, y pudieron observar que, como les había avisado Al, unos enormes pájaros de pico puntiagudo y alas de papel volantín negro sobrevolaban la copa del Baobab, chillando "¡pan con queso, pan con queso!" como energúmenos.
- Chucha, ¿y por qué vienen pa' acá a pedir pan con queso? - preguntó Otti, asombrada.
- Qué se yo po, pero hay que solucionar esto rápido - atinó a decir Renesín.
- ¿Y cómo? ¿Se te ocurre alguna wea? - dijo Otti, urgida.
- Mm, no, pero creo que a la Katty sí. ¡Miren! - señaló Lumi, apuntando con un dedo hacia arriba. Y en efecto, en una de las ventanas se hallaba sentada Aura, tratando de mantener el equilibrio y con una bolsa gigantesca que no podía estar más repleta de... pan con queso. Uno a uno los iba lanzando al aire y los pajarracos volantineros ágilmente agarraban el alimento para engullirlo y alcanzar otro.
- ¡¿Necesitai ayuda?! - le gritó Lila, como pudo.
- ¡Nooo! ¡Los chiquillos aquí ya me están ayudando, gracias! - respondió Aura a viva voz.
- ¡¿Qué chiquillos?! - gritó Renesín.
- ¡El Gabriel y la Shizu están haciendo los panes, y el Ardy los echa en otra bolsa!
- Pero puta, ¿tanto pan? - reclamó Aiol -. Nos vamos a quedar sin suministros.
- No sé, yo creo que la Aura necesita ayuda, porque es mucho pan.. y aaaay, vienen más pájaros - arguyó Lelei, y entró corriendo a la casa. Ton la siguió, y pronto se encontraron lanzando pan desde la ventana.
El cielo se oscureció de repente, lleno de alas negras y que a pesar de ser frágiles, no se rompían. Si no se encontraba una solución, pronto las aves devorarían toda la casa.
- Oye, ¿y por qué no tiramos todos los panes lejos de aquí? - sugirió Lila.
- ¿Y cómo? No tenemos con qué lanzarlos - dijo Renesín, pensativo.
- Matemos a todos los weones no más, que tanta wea! - Aiol claramente se hallaba molesto, tenía mucha hambre, y eso también parecía afectar a Al, quien tenía una cara de fatiga espantosa.
- Iré a barsear un pan allá arriba - se limitó a decir, y subió con gran esfuerzo a la torre más alta de la casa. Ton comenzó a sujetar a Lelei para que el viento no la volara, y Al, luego de devorar unos cuantos bocadillos sin permiso, hizo lo mismo con Aura. Gab, Shizu y Ardy estaban sudando la gota gorda armando panes como locos de la cabeza y con mucha, mucha, mucha hambre.
- Comería cualquier cosa, menos un pan con queso - repetía a cada rato Shizu, notoriamente mareada por el olor mantecoso del alimento.
Mientras tanto, allá abajo, en la puerta oeste, Renesín, Aiol, Otti y Lila pensaban en algún método para echar de su territorio a las invasoras.
- ¡Matémoslas po! - seguía diciendo Aiol.
- Pero weon, si las matamos, van a quedar todos los cadáveres tirados por ahí, en el campo, y van a llegar los animales carroñeros y va a ser peor - le contradecía Renesín, con mucha razón.
- Puta la wea...
- Pero, oye! La mejor solución sería plantar un árbol de pan con queso, lejos de aquí! - exclamó Lila, ocurrente.
- Ya, ¿y cómo?
- Conversemos con los pajarracos - dijo Lila, y luego se dirigió a sus compañeros de la torre, gritando-: ¡Chiquillooooos! ¡Bajeeeen, porfa! ¡Cambio de planes!
- ¡¿Por qué?!
- ¡Bajen no más, carajo!
- Puta, ¡bueno ya!
Y sin entender que iban a hacer, Aura, Ton, Lelei, Al, Gab, Shizu y Ardy bajaron a la puerta oeste, con bolsas y canastos de pan, sudando y pálidos de la fatiga y el cansancio.
- Casi se nos caen todos los panes en la bajada! ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Ton, con su pote de ramen en una mano. Había pasado a buscarlo a la cocina y ahora trataba de comérselo como podía, para que no se le enfriara. Era el único que podía sostenerse en sus dos pies sin desfallecer, los otros se sentaron.
- Hay que plantar un árbol de pan con queso - dijo Lila.
- Yaa, ¿y cómo planeas hacer eso? - le cuestionó Gab, arqueando una ceja.
- Conversando con los pájaros.
- Es imposible, con esos weones no se puede hablar - acotó Al.
- Pico, hay que liquidarlos - agregó Aiol.
- ¡Nooo! Si no han intentado conversar con ellos, ¿cómo creen que no pueden hacerlo? - se exasperó Lila.
- Mi mami tiene razón, lo lógico es entablar una comunicación decente con esos eeeh, pajarracos, y si no funciona, bueno, y ahí los cagamos como se pueda - intervino Ardy, y Shizu y Aura asintieron, sonrientes.
- Bueno, ¿y entonces quien va a hablar con ellos? - preguntó Lelei.
- Todos - respondió Lila -, es lo justo.
- Yo ni cagando - se negó Al.
- ¿Y vo creí que yo también? - dijo Otti.
- Capaz que ni hablen esas weas, a lo más nos van a decir "YIIIIIIIII" - dijo Aiol, y Shizu y Lila se pusieron a reír a carcajadas.
- ¡YIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! - gritaron, y siguieron riendo.
- Oye ya po - les reclamó Aura, zamarreándolas para que se enseriaran. Cuando por fin lograron que detuvieran la risa, se dieron cuenta que estaban rodeados por 440549604969 pájaros volantineros, y que todos los observaban con ojos curiosos. Uno de ellos se adelantó, con las alas extendidas, y habló chillonamente:
- ¿Quién ha osado convocarme?
Todos los sfianos lo miraron perplejos. El ave repitió la pregunta.
- Ehhh.. estábamos por hacerlo - respondió Renesín, sin entender nada.
- No, alguien me ha llamado por mi nombre.
- ¿Y cuál es su nombre? - preguntó amablemente Lila.
- Yii.
La muchacha miró a Shizu inmediatamente, pero se aguantaron la risa.
- ¿E-en serio?
- Sí, ¿quieren negociar? - el ave fue al grano rápidamente.
- Ajá - asintió Lila -. Lo que pasa es que, como ven, este es nuestro hogar, y nos vemos (sin ofenderlos, por supuesto) irremediablemente asediados por su bandada. Lo justo es que todos vivamos en paz, ¿no?
- Sí, pero nosotros estamos muy hambrientos - argumentó Yii.
- Lo sabemos, pero el asunto es que nosotros estamos dispuestos a ofrecerles alimento de por vida, y no precisamente de esta manera. Nuestro ofrecimiento consiste en plantar un árbol de pan con queso (o varios), y no es algo difícil de hacer.
Yii y el resto de los pájaros se mostraron muy interesados, y pidieron que Lila continuara su explicación.
- Lo que deben hacer es llevar estas bolsas de pan a su tierra, y enterrar los panes de a uno en la tierra húmeda por el rocío matutino. Los árboles crecerán a la semana si ustedes se preocupan de regarlos con zumo de naranja en la tarde y de piña en la medianoche. El rocío ayudará considerablemente. ¡Ah! Se me olvidaba que los que tengan queso fresco requieren además de una gota de leche condensada, para que la tierra no absorba sus cualidades.
- ¿Cómo sabe todo eso? - le preguntó en susurros Gab a Aura.
- Pregúntale po, aunque en todo caso, eso es algo que todos deberíamos saber mínimo, ¿o no? - le respondió ella.
- Ustedes y sus brujerías raras...
- Ay, manano, es más sencillo que eso - le murmuró Aura, con una risita.
- ¿Podrías anotarme todas las indicaciones en un pergamino? - solicitó Yii, gentilmente, mientras los otros dos hablaban bajito.
- ¿Sabe leer? - preguntó Ton, pero Yii no lo escuchó.
- ¿Eso quiere decir que acepta?
- Así es - acordó el pájaro-volantín, y Lila, muy sonriente, corrió a la casa a buscar pluma y pergamino. Luego de un momento, salió y le entregó las indicaciones a Yii, quien guardó el pergamino con cuidado entre sus alas. Aura, Gab, Lelei y Renesín procedieron a entregar las bolsas al resto de la bandada, y con un graznido de despedida, se fueron volando hacia el sur y a las oscuras montañas de mas allá. El cielo se despejó y el sol brilló con mucha fuerza, recordándoles a los sfianos lo muy hambrientos que estaban. Sin decir nada, se abalanzaron a la puerta para llegar a la cocina, y allí comenzaron a devorar todo lo que encontraron a mano y otras porquerías que requirieron un poco de preparación. Las granadas, los champiñones, las hamburguesas, el jugo de naranja, el ramen y otras cosas desaparecieron en los estómagos felices de los amigos, menos algunos panes con queso que cayeron de las bolsas y siguieron rondando por ahí hasta que Lelei los barrió semanas después, cuando ya se encontraban podridos y rancios.
- Puta, ahora hay que ir a la Super-Alacena de la Duquesa, porque nos quedamos sin comida - se quejó Lila, a quien le desagradaba en extremo visitar el mercado de la Duquesa, pasado a olor a pimienta y lleno de cerdos bebés, lacayos-rana y lacayos-pescado corriendo por todos lados.
- ¿Puta? ¿Quién es puta?
- No Otti, tú no eres puta - respondió Lila, palmotéandole la espalda a su amiga.
- Si quieren yo voy - se ofreció Aura.
- Y yo - dijo Lelei.
- Yo necesito comprar mucho ramen - recordó Ton, y pronto ellos tres salieron por la puerta este hacia la Super-Alacena, vistiéndose antes y con una lista de alimentos previamente hecha por todos los habitantes de la SF Baobab House.
Continuará...


